Un nicho que crece: turismo cinético

Sin duda, los tiempos que vivimos están caracterizados por dificultades económicas, disminución del poder adquisitivo y una competencia siempre atenta que obliga a quienes nos dedicamos al turismo a detectar y trabajar en nuevas áreas o nichos que permiten hacer crecer al negocio.

Por eso, en esta entrada nos ocuparemos de una vertical particular de este mercado, pocas veces analizada y conocida por quienes nos desempeñamos en cualquier rubro relacionados con los servicios para los viajeros: el turismo cinético o de caza.

Las personas que viajan anualmente por todo el mundo con el objetivo de cazar animales salvajes de diferentes tamaños y características se cuentan en millones. Se trata de un negocio sumamente redituable, basta con pensar que en el continente africano un solo cazador debe pagar en promedio unos mil euros una estancia de una semana para realizar esta actividad.

La Argentina no es la excepción, ya que desde principios del siglo XX esta actividad no ha dejado de crecer. No obstante, la dimensión del mercado local dista mucho de los líderes mundiales en esta actividad: el continente africano y los Estados Unidos, que sin duda son las zonas con mayores ingresos por este tipo de acciones, ya sea en lo referente a la caza mayor – también llamado Big-Game – o menor.

En el último grupo se encuentran especies como marsupiales, patos salvajes, perdiz, vizcachas, entre otros. En el otro, se encuentran los animales de mayor tamaño con jabalíes, pumas y zorros.

Por supuesto, la actividad se encuentra estrictamente reglamentada y controlada por las autoridades del ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Esto quiere decir que se trata de una ocupación profundamente vigilada, en la que deben respetarse y gestionar permisos especiales, temporadas, licencias y otras cuestiones imprescindibles para practicar con responsabilidad y legalidad.

Existen empresas especializadas, como TGB Outfitters, que conocen a fondo los requisitos y que se han posicionado como líderes en el sector, confirmando aún más la fuerza de este negocio, que en su mejor versión se realiza con un profundo sentido de la importancia de la conservación y el respeto por las especies.

Lamentablemente, la cacería ilegal y su práctica indiscriminada han contribuido a generar graves problemas de supervivencia a especies enteras, como por ejemplo, el jaguar argentino, cuya captura está prohibida y penada por la ley.

Una vez mencionados estos aspectos fundamentales de esta práctica, es importante resaltar que se trata de una actividad que genera a su vez, otros negocios relacionados. Desde la potenciación de zonas y paisajes específicos, pasando por la venta de los insumos necesarios para la cacería, hasta la demanda de hoteles y lugares de estadía, se trata de aspectos que redundan en beneficios adicionales y complementarios al negocio principal.

En efecto, el perfil general de las personas que se apasionan por estas actividades se caracteriza por ser viajeros aficionados a las aventuras y las salidas que ofrecen un ingrediente ligado a lo salvaje y las costumbres más arcaicas y ancestrales del humano.

En este sentido, las grandes estancias y los lugares para quedarse que están cerca de las zonas de caza cuentan con una target objetivo de buen poder adquisitivo y asistencia regular durante las temporadas de caza. Hoteles, residencias y otras alternativas similares convocan a estos paseantes, que buscan descansar en lugares tradicionales, sencillos y cómodos durante su aventura.

La gastronomía y sobre todo la oferta de menús con carnes exóticas, como jabalí o ciervo rojo, merece ser mencionada como una propuesta estrechamente ligada y favorecida por el turismo cinegético y en franco crecimiento.

Y es que una parte muy importante de quienes eligen este tipo de turismo, son personas cuyo único trofeo es consumir al animal. Así, el fin último de la cacería no es otro que el de servirse de la presa como alimento, como ha sucedido a lo largo de la historia del hombre.