Cómo evitar los padecimientos propios de un viaje

Jet lag, problemas digestivos y mal de alturas, son los tres padecimientos más repetidos en un viaje, en especial si el destino es una zona montañosa o tropical. En esta nota, podrá enterarse de cómo prevenirlos para disfrutar del viaje de sus sueños.

Desarreglando el reloj biológico

Todo aquel que ha viajado y en el trayecto ha experimentado cambios de zona horarias siente un trastorno en el ciclo de sueño y vigilia, esto es mayor si se da con relativa velocidad. A ello, popularmente, se lo llama jet lag o disritmia ciscardiana.

Los síntomas habituales de este padecimiento en los viajeros son fatiga, insomnio y confusión a causa del trastocamiento que experimentan aquellas rutinas atadas al ciclo de sueño y vigilia.

Los consejos son muchos, desde soluciones caseras hasta remedios homeopáticos, y están asociados a la duración del viaje. Un consejo es no perder la costumbre del lugar de origen cuando el retorno será inmediato mientras que, si la estancia será prolongada, es conveniente ir aclimatándose sin realizar grandes esfuerzos ni caer en medicación, por caso, para dormir.

Somos lo que comemos

Viajar conlleva en la gran mayoría de los casos a un cambio en la dieta habitual, esta puede ser más o menos radical, pero sin dudas el organismo lo detecta y pasa señales de desagrado.

El simple hecho de beber agua que no es la misma de siempre puede generar estados severos de deshidratación producto de diarreas persistentes, como así también, la ingesta de alimentos que trastocan la dieta a la que estamos acostumbrados pudiendo presentar estreñimiento o vómitos agudos.

Viajar sin pensar en la calidad de la bebida y la alimentación pueden arruinar el más maravilloso de los destinos. El mejor consejo, porque nunca se puede estar seguro cien por ciento, es comer en lugares que, como mínimo, no generen desconfianza en aspectos de salubridad.

De igual importancia es no arriesgarse con aquellos platillos del cual no se han comprendido los ingredientes que contiene o los excesos, ya sea de alcohol o picantes, solo por citar los más comunes padecimientos en un viaje.

Vayamos de a poco y sepamos parar

El mal de alturas y sus innumerables formas de llamarlo no es otra cosa que la escasa adaptación por parte del organismo a la falta de oxígeno en la altitud. Esta suele afectar, por ejemplo, a aquellos turistas que ascienden a los centros de esquí a grandes alturas, pero también a quienes viajan cómoda y pasivamente a destinos de notable altitud.

Los expertos han demostrado que el mal de altura no afecta a todas las personas ni tampoco está asociado al estado físico del viajero. Este problema se presenta, generalmente, con notoria incapacidad para respirar, dolores de cabeza, agitación, agotamiento físico y sensación de oídos tapados que se verán disminuidos si se produce el descenso o incluso si el ascenso se realiza de manera paulatina.

Por último, las mascotas también pueden presentar problemas de salud al realizar viajes largos. Es importante acudir a una farmacia veterinaria para conseguir medicamentos que nos ayuden a prever cualquier patología que se les pueda presentar en el trayecto.

Aclimatarse de forma previa, en la medida de las posibilidades, es una excelente receta al igual que cuidarse en la dieta.